Siendo que los conquistadores eran gente sin títulos de nobleza ni poder, trataron de imitar aquí a los ricos de sus pueblos y empezaron a hacer muñecas bordadas, pero de tubos de trapos viejos y sucios lo que generó enfermedades entre los niños y niñas, además del contagios a los pueblos originarios que casi los acabó con tanta violencia como la invasión a espada y fuego, en la guerra de resistencia indígena. Entonces los españoles trajeron hombres y mujeres esclavizados desde África, quienes vinieron en contra de su voluntad y con una cultura y una tradición extraordinaria en materia de muñecas, de ellos se conservan las cabezas de piedra, las de semillas de mango de hilacha, las muñecas de rollitos, las de rostro de caracoles y de semillas, las de fibra vegetal trenzada, las de botones, las de conchas marinas y otras, que en ocasiones representan a sus deidades y fueron un consuelo ante la desgracia de la esclavitud.